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Escena infernal presenciada por el Cuerpo de Estudiantes de Enfermería de Zuisen en el refugio antiaéreo de Nageera

Escena infernal presenciada por el Cuerpo de Estudiantes de Enfermería de Zuisen en el refugio antiaéreo de Nageera

Testigo: Michiko Miyagi (27宮城巳知子)
Fecha de nacimiento: 2 de julio de 1926
En aquel tiempo: 19 años, enfermera

■ Estudiante de instituto se convierte de repente en enfermera
La situación había empeorado gradualmente y la educación se dejó de lado, así que decidimos comenzar nuestra instrucción. Había un hospital en un lugar llamado Akata, así que fuimos allí; nos formábamos y dormíamos allí. Escuchamos bombardeos aéreos prácticamente todos los días cuando estábamos formándonos. Los bombardeos consistían en aviones que venían prácticamente todos los días y tiraban bombas una detrás de otra. Teníamos que huir a un refugio antiaéreo y escondernos cada vez que ocurría.

■ Trabajo en el refugio antiaéreo de Nageera
El refugio antiaéreo de Nageera era el cuartel general del hospital de campaña de la 62.ª División (División Ishi). El refugio había sido excavado previamente por residentes de Okinawa, bajo la supervisión de los médicos de la División Ishi. Era un refugio enorme que podía albergar a 4500 personas. Instalamos tablas para hacer que la estructura fuera fuerte y pudiera alojar al mayor número posible de personas.
Un hospital de campaña es un hospital para campos de batalla. La gente de la retaguardia pertenecía al Hospital del Ejército y el Cuerpo de Himeyuri estaba acuartelado en el Hospital del Ejército del pueblo de Haebaru. Nosotras (el Cuerpo de Estudiantes de Enfermería de Zuisen) fuimos enviadas al frente en Urasoe. Urasoe está en la meseta de Kakazu, cerca de donde luchaban las tropas japonesas y estadounidenses en batallas muy duras. Había una colina en Kakazu y soldados de ambos ejércitos se atacaban mutuamente con la colina entre ambos. Las batallas se sucedieron durante varios días y el ejército estadounidense también sufrió muchas bajas en el frente de la batalla de Kakazu. Estábamos cerca de la línea del frente, llamada Nakama, en Urasoe. Estábamos establecidas allí como enfermeras. Muchos soldados que estaban en el frente tenían heridas. A algunos les faltaba una oreja o un brazo; y otros habían sido heridos en el dorso de la mano o les faltaba una pierna. No había ni una sola persona con el cuerpo al completo. Traían a los soldados de todas partes, llenos de sangre del campo de batalla, y los médicos los traían a nuestro refugio en camillas. Una vez que los traían al refugio, les dábamos medicinas y les poníamos vendas temporales. No pudimos alojar a muchos allí, así que los transportaban rápidamente en camiones de las tropas amigas al refugio principal de Nageera.
Había muchos pacientes dentro del refugio de Nageera. Muchos pacientes eran trasladados desde Nakama, en la ciudad de Urasoe. No importaba la unidad a la que pertenecieran, una vez que sabían dónde estaba el hospital de campaña, llevaban allí a todos los heridos.

■ Escena infernal en el refugio antiaéreo de Nageera
El interior del refugio de Nageera hedía por el olor a sangre. Pero no solo era la sangre, sino también la orina de los pacientes, y el suelo estaba húmedo y sucio por la orina. Entonces, se extendió una epidemia de fiebre. Fue durante la estación de lluvias en abril y mayo, así que hacía mucho calor y humedad dentro del refugio. Cuando la fiebre atacaba a la gente, su vida se convertía en una pesadilla.
No podíamos cambiar los vendajes de todos los heridos. Cuando no se cambiaban, se adherían rápidamente a las heridas y se endurecían. Si una herida no se trataba durante unos días, se infectaba con gusanos. Vi gusanos infectando organismos solo durante la guerra.
Los soldados no podían soportarlo. Algunos me pedían: “Enfermera, quíteme los gusanos”, mientras otros decían: “Enfermera, deme agua”, o “Enfermera, me muero de hambre. Deme algo”. También había soldados que estaban viviendo una pesadilla y decían cosas incomprensibles. Ese lugar era un infierno en vida para los humanos.

■ Discriminación a los soldados oriundos de Okinawa
Multitud de soldados heridos eran traídos desde el frente. La discriminación a los oriundos de Okinawa era incontrolable. La razón por la que lo digo es que informaban diligentemente de la gente herida que traían. Decían: “Teniente tal y tal, señor, trajimos al Teniente tal y tal de esta y aquella unidad”. Informaban así al cirujano del ejército, el cual respondía que lo había entendido. Si traían a alguien de la guardia local de Okinawa, decía: “¡Déjenlo ahí!”. Me refiero a los nuevos reclutas procedentes de Okinawa. Cuando informaban de que los heridos eran de tal y tal unidad, el cirujano decía: “¡Déjenlo ahí!”. Así como se lo digo. Ni siquiera les dejaban entrar en el refugio. Los dejaban bajo un árbol, pero allí hacía menos calor que dentro del refugio, así que desde ese punto de vista era mejor. Los tiraban allí según llegaban, algunos incluso en camillas.

■Cirugía horrible
Si un soldado estaba herido en una pierna e infectado con tétanos, le cortaban la pierna sin anestesia. Colocaban a los pacientes en un panel y ataban sus cuatro extremidades. Si la herida estaba en un pie, utilizaban una sierra médica y comenzaban a cortar por debajo de la rodilla. Simplemente, la cortaban de esta manera. Los soldados gritaban: “¡Dejadme morir! ¡Dejadme morir!” Decían que ya habían tenido suficiente y que querían morir, y suplicaban con todo lo que tenían, pero el cirujano del ejército seguía trabajando con su sierra, cortando, cortando y sudando. No estoy segura de si aquellos soldados pudieron sobrevivir.

■ La audaz petición de un soldado japonés
Cuando fuimos a la ciudad de Taketomi, la situación de la guerra estaba empeorando. Nos trasladamos a Taketomi, Komesu e Ihara. Nos dijeron que no teníamos que trasladar a los heridos de Taketomi, así que nos fuimos solos. Cuando llegamos a Komesu e Ihara, no teníamos pacientes de los que cuidar, pero en vez de eso, nos asignaron la tarea de conseguir comida. Reunían a las enfermeras y decían: “Los soldados de Japón vinieron aquí para proteger nuestra isla, así que salid ahí fuera y encontrad comida”.
Así que salimos a recolectar comestibles. En aquel momento, se sucedían brutales bombardeo aéreos, lo que hacía la situación extremadamente difícil. Lo que nos decían era básicamente como si nos dijesen que saliésemos ahí fuera para morir. Aunque eran hombres, simplemente se sentaban en el refugio y decían: “Muy bien estudiantes, venid aquí. Hemos venido a proteger vuestra isla. ¡Id fuera y buscad comida!” Nosotras respondíamos: “Sí, señor”, y salíamos fuera, en la dirección de la que procedían las balas. Estábamos preparadas para morir. Así que salíamos así y la mayoría de mis compañeras de clase murieron allí.