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Enviando mensajes como empleado de la Oficina de la Prefectura bajo una lluvia de balas

Enviando mensajes como empleado de la Oficina de la Prefectura bajo una lluvia de balas

Nombre: Seiko Asato (25安里成光)
Fecha de nacimiento: 1 de junio de 1927
Lugar de nacimiento: Naha
Edad en aquel tiempo: 18 años, empleado de la Oficina de la Prefectura

Empleado de la Oficina de la Prefectura destinado al puesto de Mensajero Auxiliar
El refugio antiaéreo de Hantagawa era considerado como absolutamente seguro.
Se debía a que todos los bombardeos procedían de las zonas del sur y del centro, así como de Yonabaru, y pasaban por encima del refugio de Hantagawa; y los bombardeos aéreos tampoco llegaban tan lejos. El refugio era considerado como seguro. Todo el mundo estaba totalmente tranquilo mientras estaba en aquel refugio.
Hacia el 31 de marzo (de 1945) nos quedamos estupefactos. Las tropas estadounidenses establecieron una batería de artillería en la isla de Kamiyama (atolón de Chibishi) para bombardear directamente. Estábamos completamente expuestos a los bombardeos en Hantagawa. Después de instalar la bateréia de artillería de largo alcance, nos bombardeaban a menudo. La construcción del refugio antiaéreo de Hantagawa no había sido completada en aquel momento, y todavía seguíamos cavando el refugio mientras estábamos en él.
Mi función principal era la de mensajero auxiliar trabajando para los miembros del personal habitual del Ministerio de la Construcción, que estaban en el refugio de Hantagawa. Se me asignó este puesto porque las otras tres organizaciones de la prefectura del Ministerio del Interior, la Sección de Educación y la Sección de Ingeniería Civil, estaban distribuidos en el refugio del Instituto Femenino de Educación Secundaria de Shuri. Por lo tanto, se me asignó el puesto de mensajero auxiliar.
Hice muchos viajes entre el refugio de Hantagawa y el del Instituto Femenido de Educación Secundaria de Shuri. Era una distancia corta, pero me llevaba medio día. Por lo tanto, estaba expuesto al bombardeo de los buques desde el mar, a bombardeos aéreos y también a la artillería de las baterías de tierra, y tenía que moverme mientras evitaba todo esto, por lo que arriesgaba mi vida enviando mensajes.
Entonces, cuando huimos a Nagado, me enviaron a intercambiar mensajes con la gente del refugio del Ministerio del Interior y solo había dos rutas para llegar allí: o dejar Kokuba y caminar sobre el puente de Madanbashi o ir por el puente de Ichinichibashi.
Bueno, he mencionado caminar por los puentes, pero estos ya no existían y solo quedaban los pilones de los puentes. Algunos cadáveres habían quedado atrapados en ellos y estaban hinchados como vacas, incluyendo mujeres y niños, y mucha gente que fue asesinada allí. Seguí mi camino a través de un montón de cadáveres.
Más tarde, la Oficina de la Prefectura se retiró a Yoza. Nos destinaron al Cuerpo de Voluntarios de Guía de Retaguardia hasta aquel momento y trabajábamos para cumplir nuestra misión de asegurar los suministros de alimentos; pero al final, ya no pudimos movernos. Entonces, nos dividieron en grupos de unas tres personas.
Yo estaba en un grupo con mi hermano mayor y el señor Ishibashi, y los tres trabajamos juntos.

Hacia el sur
Las escenas de las batallas del sur en aquel momento eran realmente un infierno en vida.
La gente se dirigía al pueblo de Gushikami o a la ciudad de Itoman, con el pueblo llano caminando juntos como refugiados; sin embargo, la situación era tal que nadie tenía ni idea de qué dirección debía tomar, qué lugar sería seguro, así que no tenía una idea clara de cuántos días tardaríamos o dónde debíamos ir.

Mi hermano me convenció para que no me suicidara
Encontramos un refugio antiaéreo medio excavado, así que lo aprovechamos y los tres nos apretujamos allí dentro. Como nos sentábamos allí dentro, no podíamos oír mucho de los violentos sonidos de los aviones y de los bombardeos de la artillería. Pensé que era extraño, así que salí fuera a echar un vistazo. Vimos soldados estadounidenses con el torso desnudo, viniendo hacia nosotros.
Pensé que habíamos perdido la guerra, así que cuando regresé al refugio dije: “Hemos debido de perder la guerra”. Pero mi hermano mayor me dijo: “No es posible que Japón pierda. ¡No hay ninguna posibilidad de que eso ocurra!” Entonces, el señor Ishibashi me dijo también: “No es posible que Japón pierda. Muy pronto, los japoneses desembarcarán desde el otro lado y los atraparán en el medio”. Aún así, dije: “Pero es solo cuestión de tiempo que las tropas estadounidenses lleguen hasta este refugio”. Entonces, mi hermano mayor salió fuera para mirar y entonces balbuceó: “Hemos perdido”.
Los tres nos quedamos en silencio pensando en lo que debíamos hacer. Resulta que yo tenía dos granadas de mano en ese momento, así que sugerí: “Si los enemigos vienen, tirémosles una y muramos juntos”. Entonces, mi hermano dijo rápidamente: “Espera. Una cosa es morir, asesinado por el enemigo, pero no debemos suicidarnos”. Así que el señor Ishibashi, que era el mayor de nosotros, también dijo: “No nos suicidemos”.
Pasó bastante tiempo, y como esperábamos, escuchamos una voz diciéndonos que saliésemos fuera. El señor Ishibashi enganchó un paño blanco a la punta del paraguas que tenía para crear una bandera de rendición y salió fuera el primero.